viernes, 30 de abril de 2010
-¡Que se vayan!-gritaste.-¡Que se vayan!-.Y las sombras de colores, tan inexistentes como tu cordura en ese momento y lugar siguieron molestàndote. Tus làgrimas caìan. Nunca terminaban de salir, no podìas. No podìas calmarte. No podìas pensar ni dejar de sentir esa ira profunda que te carcomìa el cerebro presionàndotelo, asi, cada vez màs fuerte.Te miraste al espejo. No eras vos. Algo estaba adentro tuyo consumiendo gran parte de tu cabeza.Algo gelatinoso y de color azul caminaba por entre tus neuronas.Las pisaba, las escupìa impidiendo, asi,su funcionamiento normal y corriente.¿Què era ese ente tan problemàtico dentro de tu cerebro? ¿Quièn osaba molestarte alterando todos tus nervios?. Te tornaste completamente desquiciada. Tomaste un cuchillo y empezaste a apuñalar tu viejo y usado colchòn. Querìas calmarte, no podìas. Fuiste al balcòn, no te importaba nada. Tu locura se transformò en euforia y tus labios dejaron su postura anterior deformàndose para llegar a ser una sonrisa anchìsima de oreja a oreja. Probablemente la sonrisa màs llena de felicidad de tu vida. Miraste las estrellas y te imaginaste flotando en el espacio.Esa noche el cielo estaba hermoso, unicamente perfecto y oscuro. Nunca màs volviste.
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